Efectivamente, esto no era el teletrabajo


19 Mar
19Mar

Recogemos el título de un artículo escrito por Eva Rimbau Gilabert y aparecido en El País con fecha del 10 de marzo de 2020.

En estas circunstancias, donde el teletrabajo se ha consolidado como protagonista imprevisto de la actualidad, desarrollar más que nunca “habilidades blandas” puede convertirse en una de las estrategias reservadas para sobrellevar la situación con éxito. A grosso modo, las “soft skills” o habilidades blandas son los atributos personales, los rasgos de personalidad  y habilidades comunicativas sociales que nos permiten tener éxito en un trabajo determinado. De esta manera se mide la capacidad de interacción del ser humano con otras personas y se percibe, además, su habilidad para desenvolverse ante los demás. Así, estas habilidades que miden las posibilidades de relacionarnos con parte de nuestro entorno, pueden ayudarnos a desarrollar con éxito planes de implantación del modelo de teletrabajo. 

El teletrabajo, en tanto medida que se está estableciendo desde la mayoría de organizaciones como modelo de contingencia ante el estado actual de propagación del virus, no puede ser simplemente una herramienta que consista exclusivamente en “mandar a la gente a trabajar a casa”, en términos utilizados por Rafael Vara (CEO de Lukkap), si se pretendiese tener éxito en el establecimiento de dicho modelo laboral. Entre las principales habilidades orientadas al control y evaluación del trabajo realizado por los empleados, podemos señalar aspectos referentes a la gestión en el plano de relación entre empleador y trabajador. Gestión que afecta a la dirección, coordinación y el diseño de las tareas que el trabajador de la empresa debe seguir desarrollando como parte de su funciones básicas. Así como la planificación de los horarios y los tiempos del que los teletrabajadores disponen para cumplir con los objetivos propuestos. Por otra parte, la gestión de factores psicosociales que inciden en el nivel de cohesión, la comunicación, la confianza y el empoderamiento de los empleados, repercuten positivamente en la visión de la marca empleadora que se obtenga en el futuro, y generará una potencial motivación e identidad en el colaborador con respecto a esta. 

Las herramientas son condición necesaria, pero no suficiente, para implementar un sistema eficaz de teletrabajo en la empresa. Las compañías tienen que aceptar que invertir en el aprendizaje y manejo de herramientas digitales (otra soft skill básica) repercutirá positivamente en el bienestar de los empleados. Las tecnologías usadas tienen que apoyar el progreso de esas competencias, que pasan a convertirse en el canal ideal para implementar tecnologías de desarrollo de software distribuidos globalmente en empresas basadas en modelos de teletrabajo. Por esta razón, afirma Víctor Garro Abarca en un reciente artículo para la revista Ethic que: “Los e-líderes deben estar igual o mejor preparados que sus trabajadores virtuales en cuanto a herramientas TIC para el uso efectivo y equilibrado de los canales de comunicación y colaboración.”

Si las empresas no persisten en la idea cambiar el paradigma a través de los cuales han seguido funcionando, no conseguirán adaptarse eficazmente a la situación de caos actual, e incluso algunas podrían decidir no volver a adoptar nunca más la estructura organizativa que conlleva el teletrabajo. El teletrabajo es un modelo que solo tiene sentido dentro de una cultura de empresa que no coincide con muchas de las desplegadas hasta el momento. Dentro de un modelo estático, vertical, donde la figura del jefe rígido (aquellos que practican la microgestión por desconfiados) sigue a la orden del día, el teletrabajo no solo corre el peligro de no funcionar, sino que podría ir incluso en perjuicio de la productividad de la empresa en cuestión al disponer, por ejemplo, de desventajas a la hora de desarrollar, comunicar, planificar, delegar, gestionar el trabajo y evaluar los resultados obtenidos de manera presencial.

Si queremos adoptar el modelo del teletrabajo y todo lo que ello conlleva, no podemos más que potenciar en el ADN de la empresa determinadas competencias sociales que nos permitan el tránsito hacia estructuras corporativas más  comunicativas y responsables éticamente con el empleado y el entorno de intervención posible. Es en este ambiente en el cuál el teletrabajo puede integrarse con éxito y establecerse como eje sobre el que pivotarán las organizaciones abiertas. 


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